Susana Wald (Budapest, 1937) es una artista, diseñadora, traductora y escritora de origen húngaro, nacionalizada chilena y canadiense. Ceramista de profesión, ha dedicado su vida a la difusión del surrealismo y a su práctica como un modo de vida. 

Dejó Hungría en 1949, luego de haber sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial y a causa de la amenaza estalinista. Junto con su familia embarcó en Italia y luego de un periplo por el océano Atlántico, desembarcó en Buenos Aires a sus 12 años en 1949. Esta experiencia marcará a la artista de por vida. En la capital argentina estudió y se graduó de la Escuela Nacional de Cerámica, especializándose en la cerámica artística. Se casó con José Hausner, sobreviviente también, quien se había refugiado en Chile. En 1956 cruzó la Cordillera de Los Andes en tren y se instaló en Santiago de Chile donde nacen sus hijos.  

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«En busca de lo inasible».
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Años en Chile
(1957-1970)

En sus primeros años en Chile, Susana Wald trabajó como ceramista utilitaria en el taller que instaló en El Arrayán y como voluntaria para la Cruz Roja, debiendo asistir a los heridos del terremoto de 1960 en Valdivia. Desmoralizada por la precariedad económica de la vida artística, vuelca su interés hacia la medicina y el estudio del cerebro humano. En calidad de alumna de la Universidad de Chile, asiste regularmente a exposiciones en la Galería de Artes Plásticas del Ministerio de Educación, organizadas por Ludwig Zeller (1927-2019), poeta y artista surrealista y entonces curador de la sala.

En 1963 cruzaron su camino el poeta y la artista. Con una biblioteca personal de más de 1500 libros, Ludwig la introdujo entonces a un surrealismo más formal, vanguardia con la que Susana tuvo afinidades desde un principio y que practica hasta hoy como su “modo de vida”. De cierta manera, la artista se reconoció como una surrealista intuitiva, habiendo practicado sus principios previo a conocerlos. Al enfrentarse al surrealismo a principios de los sesentas, Susana Wald se reorienta nuevamente hacia el oficio artístico: durante esos años trabaja como diseñadora de portadas en la Editorial Universitaria, gestiona su primera editorial surrealista “Casa de la Luna”.  En 1968, durante nueves meses, manejan juntos “La Casa de la Luna” en el barrio Lastarria. Es en esos años que comienza a aplicar a su quehacer artístico los principios surrealistas como el automatismo, la atención al mundo onírico y al azar.

Además de la editorial surrealista, la “Casa de la Luna”  fue el nombre que la pareja dio al centro y café cultural ubicado en calle Villavicencio en el Barrio Lastarria que acogió obras de teatro, cine, exposiciones, lecturas de poesía y performances ligadas a un efervescente ánimo de vanguardia. La práctica de los principios surrealistas y  la reticencia a una militancia partidista obstaculizaron la estabilidad profesional de la pareja cuando la Unidad Popular ganó las elecciones en 1970, motivo por el cual decidieron migrar a Canadá en diciembre de ese año.

Años en Canadá

(1970-1994)

Sin conocer la ciudad, la pareja se instaló junto a sus 4 hijos en Toronto, Canadá a principios del setenta. Este período marca varios hitos en la vida y obra de Susana: por un lado fundó junto a Ludwig la sólida editorial surrealista Oasis Publications, la cual surge por la necesidad de publicar autores surrealistas hablantes en distintos idiomas en el país norteamericano. Funcionó por más de veinte años como motor de la promoción del surrealismo internacional. Susana diseñó, editó, tradujo e ilustró más de cincuenta libros, revistas, catálogos y organizó exposiciones surrealistas en Canadá, Francia, Estados Unidos, Portugal, Alemania, España, México, Islandia.

En el ámbito profesional desarrolló una carrera como docente universitaria en dos universidades públicas en Ontario. Participaron activamente junto a Ludwig durante la década del setenta en el movimiento Phases, vanguardia con sede en París que continuó los preceptos surrealistas y que reunió poetas y artistas latinoamericanos y europeos. Esto la llevó a exponer colectivamente en diversos países como Portugal, Alemania, Islandia, Francia, Bélgica y Canadá. Un hito en su adhesión al surrealismo ocurre en 1974, cuando es invitada al aniversario n°50 del Primer Manifiesto Surrealista que se celebra en la State College en Pennsylvania.

En este período canadiense, a sus 35 años y luego de 15 años trabajando la cerámica y el dibujo, Susana Wald se introdujo por primera vez a la pintura: eligió el acrílico como material ya que, al no contar con un taller para trabajar, el material no resultaba tóxico para sus hijos al pintar en el salón de su casa en Toronto. Gracias a un archivo detallado que Susana mantiene desde esos primeros años de pintura, conocemos la evolución estilística y temática de la surrealista. A partir de los noventas y por motivos editoriales, comenzaron a viajar con frecuencia a la Feria del Libro de Guadalajara y a Oaxaca, lugar donde escogieron mudarse y se instalarán definitivamente unos años más tarde, en 1994.

Años en México

(1994-hoy)

La etapa mexicana ha sido para Susana Wald de dulce y agraz: por una parte, los intercambios previos con la comunidad intelectual y artística oaxaqueña contribuyeron a que su instalación fuese menos árida. Wald diseñó y construyó con sus propias manos su hogar, una sólida construcción ubicada a 8 km de Oaxaca, en San Andrés Huayapan, un pueblo zapoteca rodeado de montañas cubiertas de bosque tropical. Allí construyó un amplio taller, el segundo de su vida: esto significó poder pintar en gran formato por primera vez y desligarse de las preocupaciones domésticas –pudo contratar a alguien para ello- y de cuidado –sus hijos ya no vivían con ella-.

Desde finales de los noventa y en la actualidad, Susana ha podido desarrollar extensas series en las que estudia y desglosa sus inquietudes más profundas: en este período aparece la serie de más de 50 huevos, el estudio de las espirales, su profundización en la condición de lo femenino y nuevas experimentaciones con materiales (esponjas, trazos “a ciegas”). 

No obstante, gracias a su personalidad, carisma y perseverancia, la surrealista se ha logrado incorporar al panorama artístico-cultural de Oaxaca y ha participado de numerosas exposiciones colectivas, trabajó en la radio local durante más de 15 años, escribió en la prensa local y actualmente hace parte del colectivo de mujeres pintoras de Oaxaca, Arte Guenda.