¡Acompaña tu visita a la exhibición En busca de lo inasible con la serie de exploraciones sonoras en torno a la primera retrospectiva de Susana Wald en Chile!

Recorridos
sonoros

Los Recorridos Sonoros acompañan las visitas virtuales y presenciales por las tres salas de la muestra desde las voces de la artista y de la curadora.

SALA 1: El surrealismo de Susana Wald, colaboración y erotismo

Las transcripciones de los episodios que aparecen en este recorrido sonoro pretenden ofrecer accesibilidad a un público más amplio y han sido editadas para mayor concisión y claridad.
SUSANA WALD: Por lo demás el sueño es simplemente otra realidad, ¿no? Y es tan real. Lo que la gente frecuentemente no comprende es que el sueño es completamente real. Porque la realidad tampoco sabemos qué es. 
 MACARENA BRAVO: Para este proyecto se utilizaron fragmentos de entrevistas realizadas a la artista por la curadora entre el 2016 y el 2021. Este recorrido sonoro tiene como objetivo explorar las obras presentes en la muestra “En busca de lo inasible” a través de la voz de la artista.
Susana Wald nació un 6 de diciembre de 1937 en Budapest, Hungría. Es sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial y junto a su familia emigró a Buenos Aires en 1949. Recién casada, cruzó la Cordillera de los Andes en 1957 y se instaló en Santiago de Chile donde se desarrolló como ceramista decorativa, parió a sus hijos, se separó y se nacionalizó chilena. En Santiago conoció también a su compañero de vida Ludwig Zeller, poeta y artista del collage surrealista. En 1970 decidieron migrar a Canadá donde Susana obtuvo su segunda nacionalidad. Después de 26 años en Toronto, la pareja surrealista eligió Oaxaca como su hogar y allí reside hoy la artista hace ya 30 años. 
Susana Wald es ceramista de profesión pero ha dibujado toda su vida. La pintura la acompaña más formalmente desde una etapa más madura. Ha dedicado su vida a la difusión y la práctica del arte y la poesía surrealista y, junto con Ludwig Zeller fundaron tres editoriales autogestionadas además de un centro cultural en Santiago de Chile, en 1968, que se llamó “Casa de la Luna”, ubicada en el Barrio Lastarria.  
S.W: Las espirales aluden a mira, un millón de cosas, porque cualquiera plantita que empieza  a crecer, cualquiera porquerita, siempre primero es una cosita enroscada y después se sigue así y así, y se va para arriba. O el niño que sale de la madre va dando vuelta en forma de espiral, o tienes las galaxias moviéndose en espiral. 
M.B: Entre el 2008 y el 2012 Susana Wald dedica una serie de más de 12 cuadros a la figura de la espiral, elemento visual que se repite constantemente en sus composiciones. Fue un amigo quien la hizo notarlo, cuando le preguntó extrañado por la abundante presencia del motivo. Sin saber la respuesta a esta pregunta, la artista dedicó una serie exclusivamente a la espiral con la intención de llegar al fondo del asunto. 
S.W: Es por eso empiezo a hacer olas de vida porque aparecen en lugares menos convenientes y en forma completamente gratuita, ¿no? Exactamente. Siento la necesidad de meter este elemento y entonces quiero saber por qué. 
 M.B: La espiral es un patrón en la obra de Susana Wald y se repite a lo largo de sus sesenta años de carrera artística. En la exposición encontrarás espirales en las pinturas, en los dibujos y en las portadas de libros: ¿En cuántas obras las puedes identificar?
 M.B: Estos motivos emergen en la esfera inconsciente de la artista quien posteriormente realiza un trabajo reflexivo consciente. A la manera surrealista, Susana ha atravesado ese puente interior durante décadas permitiéndole digerir las imágenes que representa. 
S.W: Y hace solamente tres semanas que me di cuenta que está… ¿entiendes? Porque lo he  podido racionalizar otro poco. Y todo el proceso psicológico es un proceso de racionalización de los impulsos. Como te dijera, es un volcán el inconsciente: constantemente te echa cosas para arriba y cuando se enfría la lava puedes tú ver qué propiedades tiene. 
 Y muchas veces en la lava caliente encuentras una burbuja y solamente cuando la rompes la loza aparece la Amatista. Y eso ya de por sí también es una metáfora interesante porque hay que romper muchas veces el embrujo de la manifestación inconsciente para poder llegar a la concientización, entonces ya se enfrió. Entonces hay que esperar otro tiempo y en eso estoy yo ahora. Ahora yo estoy así entre fases. Eso me ha pasado varias veces en la vida, he llegado a completar un ciclo y tiene que empezar otro. 
 M.B: Susana Wald se vinculó al surrealismo de manera más formal en 1963, año en que cruza camino con Ludwig Zeller. Al sumergirse en la literatura surrealista y en sus principios, reconoció muchas de las inquietudes artísticas que llevaba desarrollando desde que era adolescente. Desde los sesenta que considera al surrealismo como su modo de vida y no únicamente como un movimiento artístico-literario. En este modo de vida, priman la libertad, la colaboración y el sentido surrealista de lo maravilloso, es decir, la motivación de materializar en la vigilia lo que encontramos en nuestros sueños. Una búsqueda de lo inasible, en cierto sentido.
 S.W: Entonces para mí estos son parte de lo que significa, parte de la dicha de trabajar dentro  del modo de vida surrealista. Que el azar objetivo que ellos llaman y que tiene posibles  otros nombres también, permite estas coincidencias y estas manifestaciones del inconsciente que sabe muchas cosas y nosotros casi nunca lo dejamos actuar. 
 M.B: “Azar objetivo”, expresión que André Breton, fundador del movimiento surrealista a principios del siglo XX, designó como la confluencia inesperada entre lo que el individuo desea y lo que el mundo le ofrece. Así, uno está pensando en determinada persona y de repente, al cruzar una esquina, topa con ella. Se trata, pues, de coincidencias o casualidades, pero cargadas de un valor emocional que las vuelve significativas.
S.W: Me gusta acercar, darle al que mira la sensación de que está ahí. Y en esta cosa de los huevos, de estos huevos negros que traen las olas, estamos viendo el evento ahí mar afuera, pero estamos en una cosa que está acá. Me parece que ahí estoy involucrando al espectador, me interesa a mí involucrar al espectador todo lo posible. 
M.B: Susana ha pintado más de sesenta representaciones de huevos a lo largo de su carrera. Se trata de un tópico surrealista del que es heredera. Sus huevos tienen total protagonismo en sus pinturas y comparten con elementos del cotidiano como cortinas, navajas, zapatos, cráneos. En un plano más simbólico, los huevos que Susana pinta representan el ciclo de la vida y la muerte, al ser la cáscara del huevo tirada sobre el suelo fértil un potencial de vida microscópica. El huevo es símbolo de renacimiento. 
 S.W: El primer huevo que surgió era obviamente Chiriquino, y yo no puedo ocultar que tengo mis fuentes, es decir, no quiero. Más que no puedo, no quiero. Yo conozco las obras de la gente y yo creo que todos estamos conectados con todos ¿no? No puedo yo decir yo que soy original, eso es una tontera, no tiene sentido tampoco. Hacemos cosas porque asociamos o porque otros, de forma consciente e inconsciente, nos lo sugieren ¿no?  
En los huevos es una problemática bien metafísica. Aunque quizás no se explaye eso en forma específica, pero sí lo siento así.
 M.B: Cuando hablamos de movimiento surrealista, pensamos en surrealistas, en plural: y es que la colaboración es un rasgo fundamental dentro de la vanguardia. Así lo ha sido para Susana Wald quien desde los sesenta ha creado junto a múltiples escritores, poetas y pintores. El surrealista con el que más colaboró fue Ludwig Zeller, su compañero de vida: juntos crearon libros, proyectos artísticos y sueños. Ludwig fue, además, la primera persona en organizar una exposición individual de Susana Wald, convirtiéndose en el primer promotor de su obra.
S.W: De hecho, en la primera hora en que conocí a Ludwig Zeller y que nos fuimos a la cafetería de la escuela de medicina a almorzar, él sacó del bolsillo una tijera y empezamos a recortar papelitos y los dos recortamos los mismos elementos, toda nuestra vida. Eso es una cosa muy particular porque los seres humanos tienen esquemas distintos cada uno, entonces encontrar alguien que tenga un esquema igual o muy parecido al tuyo, es realmente un fenómeno y nosotros en los últimos cincuenta años, hemos encontrado una tercera persona, una sola, que tiene esta misma manera, en inglés es «pattern», este mismo motivo gráfico interiormente.  
M.B: En esta sala, en gran formato, aparece Ludwig Zeller retratado por la artista en los paisajes de sus sueños en el Valle de La Luna, lugar de infancia del poeta chileno.  
 S.W: En El Poeta en el Valle de la Luna hay dos poemas […]”dos poemas” […] quizás sean dos poemas. Son dos sueños de Zeller que me relata y que los meto en un solo cuadro, bien literalmente. En el primer sueño, él anda con un pájaro enorme que habla y que lo acompaña y que en algún momento hasta se puede subir encima y volar en ese pájaro. 
Otro sueño que tiene es que anda en el desierto – siempre anda en el desierto- y ve un muro, se acerca al muro, y no son piedras, sino que son un muro de mujeres y están todas vivas.  
M.B: ¿Y estaban desnudas en el sueño?  
No le pregunté. Lamento. ¿Por qué no? 
 M.B: Uno de los aspectos más desarrollados por la artista es la mención a lo erótico. Desde los setentas que ha retratado desnudos que representan a sujetos en una sensualidad abiertamente desenvuelta. El erotismo insinuado de los huevos aparece de forma explícita en sus desnudos: coitos, vulvas, falos, lenguas, composiciones enteras dedicadas al deseo y a los recovecos del cuerpo humano. Muchas de sus obras materializan esta libertad creativa que han guiado su producción plástica y que, como toda transgresión, le ha significado muchas veces no ser comprendida.   
S.W: Una boca entreabierta con una lengua que apenas asoma es algo erótico. Tengo una pintura en la casa hecha así, a la gente le asusta mucho. Lo quise poner hace pocas semanas en una subasta y nadie se interesó, yo pensé que se iba a vender porque era una causa que quería apoyar. Y no se vendió.  
M.B: En una entrevista realizada en marzo del 2021 
S.W: Hay mucha cosa fálica en todo lo que yo he hecho, porque siempre me ha interesado. Yo he sido orientada hacia los varones en lo sexual y eso está patente en mi obra y no he tenido jamás dificultad en hablar de los dos sexos. Lo sexual es súper importante, Freud está absolutamente vigente, no se puede negar. 
  M.B: Un día del año 1964, Susana Wald manejaba por Santiago con cerámicas recién modeladas que serían expuestas en una muestra individual organizada por Ludwig Zeller. De pronto, algún imprevisto hizo que frenara abruptamente. La joven artista corrió al maletero que contenía las piezas cerámicas. Encontró allí algo que la maravilló y modificó para siempre su percepción de la realidad: las tazas, jarrones y platos yacían amontonados y deformados tras sufrir el incidente. El azar objetivo que mencionaba Susana unos minutos atrás se materializó en forma de accidente y, muy complacida con el resultado, envió así las piezas al horno. Se expusieron quebradas y se vendieron todas, con excelente recepción del público y de la prensa.
S.W: El hacer una taza y voluntariamente dejarla caer, porque eso es lo que es Frágil, y que luego la recogí -y soy maniática entonces lo coloqué en el fondo naranja exactamente como había caído. Me esforcé en eso un buen rato hasta que, no lo puse de cualquier manera, o si quieres, la «cualquier manera» era como se quebró. Y  al mismo tiempo tiene la característica de que destruye la idea de la cerámica funcional y yo vivía entonces en un ambiente donde no había nadie haciendo cerámica que no fuera funcional en Canadá. Yo ya el ‘64 he destruido la funcionalidad de mi propia cerámica aquí en Santiago. 
Y también el hecho que estos no son collages, porque podría yo haber tomado tazas  y… no, yo fabriqué esto todo desde la nada, y lo fabriqué para destruirlo. De alguna manera hay un elemento en eso que yo encuentro que tiene un cierto interés.
M.B: Esta anécdota sirve como antecedente para lo que Susana Wald llamaría posteriormente el “quiebre con lo utilitario” con el que confrontaría su herencia de ceramista decorativa. Este ánimo de transgresión la ha acompañado de diferentes maneras en muchas de sus decisiones creativas y personales. En el siguiente audio, respecto a la influencia de Ludwig Zeller en la vida de Susana Wald: 
S.W: Y cómo te digo es el primero que me ofrece, que me da la mano, en Argentina, en Chile, en ningún lugar. Y constantemente me ha impulsado a que trabajara. Ahora él tiene un ideal de lo que yo debiera hacer entonces yo tengo que quebrar eso también.

SALA 2: Concepciones de lo femenino según Susana Wald

Las transcripciones de los episodios que aparecen en este recorrido sonoro pretenden ofrecer accesibilidad a un público más amplio y han sido editadas para mayor concisión y claridad.
SUSANA WALD: Entonces en el principio de la vida de la mujer la sangre menstrual se convierte en una criatura. ¿Pero luego cuando no hay sangre menstrual? Entonces hay una especie de sangre menstrual metafórica y eso se convierte según explica Bolen, en la sabiduría. Y efectivamente hay algo en eso, es verídica su percepción porque la menopausia misma es un evento fuerte. Así como la llegada de la  menstruación es un evento fuerte. Son los dos hitos grandes en la vida de una mujer. No solo sexual porque es obvio que hay un aspecto sexual, pero esa no es su expresión única, ni siquiera probablemente la básica. Si no que hay aspectos sicológicos y profundos en esto.
MACARENA BRAVO: Para este proyecto se utilizaron fragmentos de entrevistas realizadas a la artista por la curadora entre el 2016 y el 2021. Este recorrido sonoro tiene como objetivo explorar las obras presentes en la muestra En busca de lo inasible a través de la voz de la artista.
 Susana Wald nació un 6 de diciembre de 1937 en Budapest, Hungría. Es sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial y junto a su familia emigró a Buenos Aires en 1949. Recién casada, cruzó la Cordillera de los Andes en 1957 y se instaló en Santiago de Chile donde se desarrolló como ceramista decorativa, parió a sus hijos, se separó y se nacionalizó chilena. En Santiago conoció también a su compañero de vida Ludwig Zeller, poeta y artista del collage surrealista. En 1970 decidieron migrar a Canadá donde Susana obtuvo su segunda nacionalidad. Después de 26 años en Toronto, la pareja surrealista eligió Oaxaca como su hogar y allí reside hoy la artista hace ya 30 años.
Susana Wald es ceramista de profesión pero ha dibujado toda su vida. La pintura la acompaña más formalmente desde una etapa más madura. Hace treinta años que estudia la psicología femenina desarrollada por analistas junguianas. Esto ha influenciado su producción más actual en la que observamos menciones explícitas a la sacralidad de las mujeres y a los arquetipos femeninos.  
S.W: Ahora, Freud en su exasperación dice «¿qué quieren las mujeres?» y yo le digo «¿y por qué no les preguntas?». Y lo que hace Jung es que les pregunta. La mayor parte de sus colaboradoras son mujeres.
M.B: Esta es Susana Wald reconociendo el aporte del analista y ensayista suizo Carl Gustav Jung, fundador de la psicología profunda que puso al centro la existencia de un consciente colectivo manifestado en símbolos y predisposiciones universales. En otras palabras: en arquetipos. Las discípulas de Jung, en su mayoría mujeres, han trabajado esta idea de lo arquetípico y producido mucha literatura multidisciplinar que incluye el análisis de la producción cultural y herramientas como la antropología o el feminismo. 
S.W: Y dentro de la feminidad, yo la percibo como la energía que alimenta el universo, yo lo percibo como femenino pero ese es mi arquetipo.
M.B: ¿Cómo se manifiesta esta energía femenina para Susana Wald?
S.W: Y todas las catedrales están construidas también sobre lugares que fueron lugares de culto de deidades en tiempos anteriores, femeninos siempre. Entonces está el agua y está la idea de lo femenino que forzosamente es también la idea de la vida y de la muerte porque venimos y vamos y yo siento que vengo y voy hacia esto. 
Antiguamente, 10, 12 mil años atrás, en cueva en cuya entrada tiene una forma de vulva, se enterraban a los muertos. Porque si saliste de ahí vuelves allá. Ese tipo de ideas que para mí tiene un elemento de sacralidad que me preocupa y que me gusta.
 S.W: El patriarcado aplasta toda la sabiduría femenina. Ponen a la hoguera a la mujer sabia, durante…Hay gente que calcula que son una cantidad espantosa las mujeres que se han quemado. La mujer que usa la sabiduría para el parto, o para la herbolaria. Es intolerable en el patriarcado cristiano.
M.B: Susana Wald es, a sus 83 años, muy consciente de los siglos de patriarcado nos dominan. Es una cuestión que le preocupa y que la ha motivado a escribir, conversar sobre ello y a combatirlo en su plástica a través de la revitalización de figuras femeninas y de temáticas asociadas a su energía. 
Eso nos lleva a hablar de la pintura “El mensaje de Enjeduana”, en el que aparece representado un huevo en piedra tallada rodeado de cráneos cayendo sobre un espacio amarillo. 
S.W: Puse el huevo ahí, en ese símbolo hay un detalle curioso. Ya tenía idea que iba a ser más o menos azulado, pero me faltaba algo más, quería algo más. No quería que fuera una plasta media plana. Y entonces me llegó el libro -en inglés- de Betty De Shong Meador sobre la figura de Inanna, según la veía esta poeta Enjeduana, hace 4500 años.
Meador explica que la imagen que ves ahí, esa cosa torcida y que también es media espiralosa, ese era el símbolo de Inanna. No sé si en la escritura o que, porque era escritura cuneiforme, pero de alguna manera si se tenía que trazar Inanna, era esa forma. 
De repente tuve algo que ponerle al huevo y entonces el cuadro se convirtió en El mensaje de Enjeduana. Ese fue el proceso.
M.B: Ya hemos comentado la obsesión de la surrealista por la forma de la espiral. Que coincida con el símbolo de Inanna, diosa asociada al amor, la política y el sexo a quien Enjeduana dedica sus himnos, es una manifestación azarosa del tipo surrealista. No es casualidad, diría Susana Wald.
M.B: La artista se inició tardíamente en la técnica de la pintura, en 1979, cuando tenía 42 años. El promedio de edad en que Susana realiza las obras de esta sala circular es de 59 años. Existe una relación entre las imágenes que se despliegan en estas obras –en donde vemos aparecer una genitalidad explícita o representaciones sacras de lo femenino. Incluso menciones a la fertilidad- con la etapa en que Susana las ejecuta. 
S.W: Bueno a mí me tocó también tremendo y ahora la sensación, incluso en el equilibrio hormonal, la menopausia yo la he sentido como el estar metida en el agua y luego [hace un respiro muy histriónico] surgir y poder respirar. Y ahora ya estoy pasada eso, ahora yo estoy respirando sin ningún problema debajo del agua, encima y ya no importa. Pero hay un tiempo en que es muy difícil. Y eso sucede en un grupo grande y hay un trabajo que hacemos las mujeres de mi generación.
M.B: En 2016 Susana produce una serie de 19 cuadros dedicados al arquetipo de la diosa Artemis con la intención de celebrar sus ochenta años. 
S.W: Yo no soy Afrodita ni Atena. Soy más Atena que Afrodita. Pero donde me siento completamente identificada es en el arquetipo de Artemis. Porque también no es un solo arquetipo el que te ajusta. Siempre son varios, no somos simples, ni somos tampoco unilaterales. Ningún ser humano, mujer ni hombre.
M.B: Artemisa en la mitología griega es la diosa de la caza y protectora de los animales salvajes. El ciervo y el ciprés le estaban consagrados y ella representaba a la luna. De alguna manera, la diosa persigue lo salvaje y la artista persigue lo inasible.                                  
M.B: Las obras que observamos en esta sala son audaces. Susana Wald las produce sin preocupación del éxito comercial o de lo contemporáneas que resulten. Nacen desde su inconsciente y posterior trabajo reflexivo. Esto, por supuesto, tuvo consecuencias en la apreciación de muchas de sus piezas.
S.W: Entonces yo tenía el cuadro de La Joya invisible, para eso. Pero pensé que como iba a ir a museos y niños y qué se yo, a los niños no les pasa nada, pero los adultos le tienen miedo a que los niños vean un sexo femenino, entonces pensé que quizás no era apropiado.
M.B: Con un trabajo interior constante y una confianza en sus capacidades artísticas, Susana Wald nos entrega una producción plástica coherente y poderosa. 
S.W: Porque lo que sucede con todo lo que tiene que ver con la interioridad de lo humano es que es lento. Los procesos humanos son lentos: la idea surge, la revolución surge, pero no es posible la revolución constante porque, como decía Granell, uno no puede tener una operación a corazón abierto eternamente.

SALA 3: Susana Wald y la experiencia de ser mujer y artista

Las transcripciones de los episodios que aparecen en este recorrido sonoro pretenden ofrecer accesibilidad a un público más amplio y han sido editadas para mayor concisión y claridad.
SUSANA WALD: Yo creo que hay un problema, si el fulano se decide a dedicarse a desempolvar los estantes, a hacer la cama, a darle la mamadera al niño y a cocinar la cosa, no le queda mucho tiempo para pintar, así de simple. Porque un día tiene tantas horas y nada más. Y todo el mundo tiene que comer tres veces al día, ¿de dónde va a salir eso? Entonces por ejemplo yo puedo estar aquí conversando contigo porque tengo a otra persona preocupándose de qué vamos a comer. O de la limpieza de la escalera para que no nos ahoguemos en el polvo. Pero si no, si no hay y lo tengo que hacer yo, que fue el caso mío también durante un periodo largo. ¿Y además de eso tengo que ganarme la vida? Para mí, para mi pareja y para mis hijos, también fue mi caso. ¿En qué momento voy a estar pintando un cuadro grande? Yo no puedo empezar a pintar una obra mayor hasta que llego a México y ya no tengo que atender a los hijos, ya hay una señora que viene a hacer la limpieza, que me hace la sopa.
MACARENA BRAVO: Para este proyecto se utilizaron extractos de entrevistas realizadas a la artista por la curadora entre el 2016 y el 2021. Este recorrido sonoro tiene como objetivo explorar las obras presentes en la muestra En busca de lo inasible a través de la voz de la artista. 
Susana Wald nació un 6 de diciembre de 1937 en Budapest, Hungría. Es sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial y junto a su familia emigró a Buenos Aires en 1949. Recién casada, cruzó la Cordillera de los Andes en 1957 y se instaló en Santiago de Chile donde se desarrolló como ceramista decorativa, parió a sus hijos, se separó y se nacionalizó chilena. En Santiago conoció también a su compañero de vida Ludwig Zeller, poeta y artista del collage surrealista. En 1970 decidieron migrar a Canadá donde Susana obtuvo su segunda nacionalidad. Después de 26 años en Toronto, la pareja surrealista eligió Oaxaca como su hogar y allí reside hoy la artista hace ya 30 años. 
Susana Wald es ceramista de profesión pero ha dibujado toda su vida. La pintura la acompaña más formalmente desde una etapa más madura. El siguiente recorrido sonoro está construido desde la teoría feminista que permite revitalizar la obra de Susana Wald teniendo en cuenta aspectos culturales y de su esfera privada que complementan su experiencia de artista en los siglos XX y XXI. 
 M.B: El 2016 conocí a Susana Wald sin querer. Viajé a México con la intención de entrevistar a Ludwig Zeller y poder conversar sobre su percepción de la mujer en la poesía y el arte surrealista. En Oaxaca se reveló ante mí su compañera, la artista. No conocía su historia pero supe que estaba frente a una carrera importante. En este extracto de entrevista realizada en ese viaje, Susana comenta la experiencia de las primeras surrealistas del siglo XX. 
 S.W: No hay intención, yo creo en todo caso, de excluir a la mujer, pero resulta que no está ahí. Se hacen exposiciones y hay 35 fulanos y 2 mujeres. Pero no es porque haya una intención de excluirlas, pero se las excluye. Porque para el propio surrealista hay “funciones” de la mujer entonces quizás sea mejor para otra cosa que no para lo mismo que yo hago. 
M.B: El estatuto de las artistas ha mutado significativamente desde principios del siglo XX. La conquista no ha sido fácil y muchas artistas experimentaron los obstáculos de un universo hecho por y para los “genios” y los “creadores”. En el caso de vanguardias como el surrealismo, fue muy frecuente la figura de musa o acompañante como estrategia de las mujeres que quisieron participar de la esfera pública del movimiento. 
 S.W: Yo creo que lo que empieza a moverse en la parte más inconsciente, en contra de mi situación son “Las Mujeres de”. Pero surgen como un chiste, como algo lúdico. Una situación que no tiene nada de chistosa ni nada de juego que es la situación de la mujer. Yo no tengo ninguna consciencia de eso en el año ’80. Y nueve años más tarde todavía no tengo consciencia. Tienen que pasar 20 años prácticamente, hasta el 2000 para que yo tenga la certeza de que yo tengo una fuerza interior y que yo soy yo.
 M.B: “Las Mujeres” de es una serie de 23 cuadros realizados por Susana en los ochentas. Son retratos de cuerpos de mujeres transformados en muebles. El título de cada pintura refiere a una profesión realizada por un hombre y nos indica en qué se convirtieron sus cónyuges. Está por ejemplo, la mujer del albañil, la mujer del escultor, la mujer del químico.
 S.W: Cuando yo pinto mis “mujeres de”, yo no tengo idea de lo que estoy  haciendo en este sentido. Yo pienso que es un chiste estupendo, lo que estoy dibujando y pintando. Pero hay que tener cuidado porque el mismo Freud señala que el chiste –tiene un tratado muy grande sobre la idea de lo que es el chiste- y el chiste es el acto fallido. El chiste es muy serio.
M.B: Claro, entre broma y broma la verdad se asoma.
S.W: Cuando tienes que resolver algo con un chiste es porque no lo puedes resolver de otra manera.
M.B: Tendrán que pasar más de 20 años para que Susana perciba el tono crítico que brota de sus “mujeres de”.
S.W: En esas imágenes no me doy cuenta que estoy haciendo una cosa que puede adscribirse al feminismo hasta años después. Y además se da en que no me puedo encontrar, cuando estoy haciendo esas imágenes, con nadie que pueda entender y ver esto que yo te estoy hablando ahora. Yo misma que lo hago no lo entiendo […]. Es tan fuerte la tarea en la cual estamos metidos, que tiene que surgir todo desde el inconsciente. Pero el inconsciente sí sabe. El inconsciente sabe que estoy dentro de una revolución. Que estoy protestando contra algo.
M.B: ¿Contra qué protesta Susana Wald? 
S.W: “Las Mujeres de” son una contribución cabalmente importante al estudio de la psicología femenina. Hay una idea de mueble. El mueble no sabe que es mueble entonces hace un mueble como un chiste. Pero yo soy mueble. Yo soy la silla en la cual se sienta la gente. O el sofá, como decía un psicólogo a quien consulté alguna vez «usted no es el sofá» pero yo no supe que no era el sofá.
M.B: Los primeros cuadros son representaciones de muebles con extremidades del cuerpo humano como en el caso de La Esposa Fiel. Progresivamente, las mujeres adquirieron una morfología más reconocible a lo humano y menos objeto. No obstante, la idea del “apéndice” siguió presente tanto en las pinturas como en la experiencia íntima de Susana.
S.W: Ahora no hay nunca un comentario de Ludwig sobre “Las Mujeres de”. No es consciente. Jaguer y Zeller se resisten a esa serie porque inconscientemente perciben que esto es una bomba. Y quien habría de reclamarles nada, es cierto ¿no? Es una bomba.
M.B: La perspectiva de género como herramienta teórica ha permitido desempolvar y visibilizar testimonios de muchas mujeres que crearon a la par de los hombres pero que han sufrido un olvido por parte del relato oficial del arte. 
S.W: Tú también eres heredera de todos los esfuerzos que estamos comentando. Y está muy bien. Simplemente que esos cuadros se hicieron demasiado temprano. O son causantes también de algo. 
M.B: Susana Wald experimentó los esfuerzos por querer combinar una carrera artística con las expectativas sociales asociadas a su rol de género. Una serie de dibujos que realizó en 1973 sirven como reflejo de su experiencia como mujer y como artista en esa década: algunos de esos dibujos fueron terminados y otros apenas esbozados.
S.W: No hay coincidencias, las coincidencias no existen. Seguramente los otros días había demasiado trabajo en la casa y con los niños. Pero así de acordarme de la anécdota en particular simplemente no puedo, no me da el magín. Pero es con toda seguridad que ha habido otras actividades que impedían por completo que yo tuviera un momento (…) Yo trabajaba tiempo completo, 8 horas diarias y viajaba 1 hora al trabajo de ida y otra de vuelta; y tenía 3 hijos y no he tenido ni empleada, ni suegra, ni hermana, ni tía, ni nadie que me apoyara. Pero en general, el trabajo de la casa y el trabajo de ganarme lo necesario para que sobreviviéramos los cinco, todo lo tenía que hacer yo. Entonces para la obra no quedaba mucho tiempo.
M.B: En los primeros años en Canadá, el poco tiempo que dedicó a la práctica del dibujo fue muchas veces interrumpido por obligaciones de la vida cotidiana. Susana es consciente de la influencia que estas obligaciones culturales tuvieron en su producción artística. 
S.W: Son todas esas cosas juntas. Mujer activa en lo sexual, mujer activa en trabajo, mujer activa en criar hijos. Los hijos necesitaban ser transportados, nadie más que yo manejaba auto, ¿la cachai? Y hay inviernos, en Canadá. Digamos que hay más nieve que apalear.
M.B: La artista conserva un amplio archivo en que detalla aspectos técnicos e íntimos que acompañan la producción de cada una de sus piezas. La documentación más original que conserva es una caja llena de sobres en donde cada uno se asocia a una pintura. Un sobre contiene una descripción de la obra, fotografías del proceso y diapositivas. Nos preguntamos ¿con qué afán se guardan estos antecedentes? 
S.W: Es decir porque llevo un tiempo muy largo tratando de entenderme, desde finales de los sesenta. Tratando de entenderme y tratando de entender lo que me rodea y lo que me pasa y lo que afecta. Y siempre he llevado diarios. Tú ya viste, yo tengo mucho trabajo en esto. Y es que es una tradición europea, desde la señora esa que me regala la cosita para que yo haga notas del viaje a América, tengo 11 años. Y en la escuela también, si te fijas bien, en todas partes dicen «¿qué hiciste en las vacaciones?». Eso es autobiográfico. Es parte de nuestra manera de pensar occidental.
M.B: Encontramos información sobre los pigmentos que ocupó o los nombres de modelos que posaron o el tiempo que le llevó terminar la obra. También aparecen comentarios de la artista relativos al ánimo detrás de cada pintura o impresiones que pudieron hacer sus hijos o Ludwig Zeller. Nos preguntamos ¿por qué nos interesan estos documentos? 
S.W: El esfuerzo que tenemos los humanos de existir más que en el instante, se da en estas formas, en las formas en que tú investigas, que te llama la atención una cosa u otra, y en la forma en que yo también me investigo a mí misma, porque también me interesa mucho lo psicológico, me interesan muchas áreas del conocimiento, no soy muy pareja. Me parece que todo interviene junto.
M.B: Susana se escribe a sí misma con la intención de entenderse. Treinta años después de ser creado, este archivo híbrido, mitad bitácora mitad inventario, se revela por primera vez. Detrás de este ejercicio de clasificación que realiza la artista, ¿no existiría quizás un propósito de trascendencia? En cualquier caso, representa para nosotres un conjunto de fragmentos que nos muestran, un poquito más de cerca, la complejidad de Susana Wald.

Descripciones
sonoras

El ejercicio experimental de Descripciones Sonoras profundiza en tres obras de la muestra y amplía el acceso a lo visual desde lo sonoro.

Descripción sonora:
El poeta en el Valle de la Luna

Esta descripción es el resultado de un ejercicio de recopilación de apreciaciones de diferentes personas del territorio chileno en torno a la pintura El poeta en el Valle de la Luna de Susana Wald en la voz de la actriz Cecilia Yañez Ortiz. 
FICHA TÉCNICA:
Nombre: El poeta en el Valle de la Luna.
Obra de gran formato en disposición vertical.
Dimensión 3 x 2 metros.
Pintura acrílica sobre tela-lino belga.
Terminada en 1998.
Pájaro
inquietante
que me guía
a las puertas
de otro mundo
Mundo que se ilumina
con la Luna brillante
Mundo
lleno de Mujeres
movedizas /
como las arenas reinantes
a nuestro alrededor
Mujeres movedizas
como todo
a nuestro alrededor. 
Un hombre vestido de blanco camina junto a un ave de su mismo tamaño. Ambos se dirigen hacia la derecha del cuadro donde aparece un muro de mujeres desnudas que no deja ver su término. Algunas los observan, otras los ignoran. La escena transcurre en medio del desierto en una noche iluminada por la luna llena. 
Así se ha visto a sí mismo el poeta Ludwig Zeller en sus sueños: caminando por el desierto acompañado de un ave tan alta como él, a veces incluso conversando con ella. 
El fondo es de un cielo púrpura dramático característico del Valle de la Luna que baña con su luz y tonos fríos al ave, al poeta y a la torre de mujeres aglomeradas, quiénes protegen un entramado rojizo que se deja ver entre sus cuerpos.
A la izquierda, perdiéndose en el horizonte, una montaña. La Luna llena resplandece brillante sobre ella, iluminando el polvo rojizo que se levanta, tiñendo todo el ambiente de tonos rosa y anaranjado.  
En el piso reposan rocas más pequeñas que parecen residuos de algún anterior estallido de un cometa. 
El muro de la derecha lo componen mujeres adultas de rostros expresivos y cabellos marrones. Parecen envueltas en placer: a pesar del frío nocturno, ninguna lleva vestimenta, sólo algunas decoran sus cuerpos con collares y aros. Sus pieles son de tonos tierra con un brillo azul que las hace ver iridiscentes. Su existencia transcurre con suavidad, un cuerpo sobre otro pero sin aplastarse entre sí. 
Destacan algunos gestos dentro de la torre humana: una mujer de pie toca sus clavículas mientras una pluma de pavo real sujeta su cabello. Más atrás, dos mujeres sonríen su compañía mutua, mientras los dedos de una de ellas buscan la tibieza en la entrepierna cómplice.
Sobre la arena, dos mujeres yacen semi recostadas. Ambas lucen estrafalarios collares. La mujer del lado izquierdo se distingue por un tocado color turquesa y azul que acompaña las curvas de su cabello largo. 
Delante de ellas, otra mujer se encuentra de pie. Su desnudez está decorada por un cinturón de perlas que cruza su estómago. Su mirada intercepta a los dos caminantes extranjeros que se acompañan en una pose de quienes recuerdan viejos episodios vividos. Pasan frente a ella al mismo tiempo que descienden hacia nosotros por una superficie de arcilla pedregosa. 
Uno de los caminantes es un hombre mayor, con apariencia de sabio. Por su impecable impronta parece ser alguien venerado, probablemente un gurú o un gran contador de historias.  
Nada en su vestimenta pareciera ser azar. Muy preocupado de su apariencia, viste un formal traje color marfil y zapatos claros
¡Dicen que se trata de un poeta! Y es que solo un poeta puede ser parte de una escena tan excéntrica.
Su acompañante, el ave, es una garza de patas flacas con garras que le hacen ver prehistórica. Su cuello es largo, pero está curvado en forma de S, lo que no impide que sobrepase la altura de su acompañante. El animal parece  guiado por la seducción del poeta, quien levanta su mano izquierda como quien llama la atención de alguien, en este caso de la mujer que lo observa con un serio semblante.
El ave y la mujer se miran a los ojos. ¿Qué haces tú aquí? parece preguntarle esta última. ¿Quién es tu acompañante? 
No hay diálogo posible entre caminantes y observadoras: el poeta camina ensimismado dialogando únicamente con su semejanza, el ave blanca que le acompaña. 
En esta ocasión, sueña que es capaz de engatusar a esta hermosa garza, tratando de timarla para alcanzar el cielo. 
Cae la noche sobre el anciano. El poeta camina sin prisa hacia su final. Mientras, mujeres desnudas comienzan a abrir la mañana con su propio refulgir. 
En el interior de la torre que las mujeres componen, una especie de magma flotante encarna el misterio de lo femenino, como un torrente sanguíneo que suministra vida al desierto, protegido de los paseantes distraídos por sus propias protagonistas 
El espacio es antagónico y  asimétrico. Por un lado, lo masculino, representado con todo el esfuerzo de su impronta pretérita. Por el otro, lo femenino aparece como una corriente creativa que nos invita a sumarnos al festejo de su ascensión.

Descripción sonora:
El mensaje de Enjeduana

Esta descripción es el resultado de un ejercicio de recopilación de apreciaciones de diferentes personas del territorio chileno en torno a la pintura El mensaje de Enjeduana de Susana Wald en la voz de la actriz Cecilia Yañez Ortiz.
FICHA TÉCNICA:
Nombre: El mensaje de Enjeduana.
Obra en disposición vertical.
Dimensión 100 x 74,5 cm.
Pintura acrílica sobre lona de algodón.
Terminada el 30 de Diciembre de 2001.
Es la pintura que cierra el trabajo de la artista de ese año, en que logra pintar 18 cuadros.
Desde el cielo
amenazante
y entre gigantes
cráneos voladores
se aproxima
el mensaje
gris y desafiante
de Enheduanna.
Esta escena ocurre con el mar perdiéndose en el horizonte. Abajo a la derecha sobresale un borde rocoso. El cielo ocupa la parte superior del cuadro y de él caen elementos ovoides, cráneos humanos y una roca ovalada de mayor tamaño. 
El mundo se acabó. Sólo queda la dualidad del mar azul y el cielo ocre. El clima resulta denso entre aquellas nubes sin forma y compuestas de una mezcla sulfurosa de vapor y arena que de vez en cuando arrastran los restos del mundo que lo precedió. 
Más allá del acantilado rocoso, en el primer plano, aguas azules se dejan ver sobre un leve oleaje producido por el viento. Por su color, da la impresión de que se trata de un mar primitivo, que guarda en sus profundidades la semilla y el misterio de todo lo que existe y existirá, en un enorme océano de líquido amniótico de millones de eones de antigüedad.
Más arriba, en el espacio que normalmente ocuparían las gaviotas, sin un orden fijo y abarcando hasta muy entrado el horizonte, flotan y chocan entre sí decenas de cráneos lustrosos. Suspendidos en el aire, estos parecen caer del cielo amarillo junto a otros objetos ovales, en tonalidades pálidas amarillezcas y anaranjadas. 
En tanto, uno de los cráneos ya aterrizó en las rocas que conforman el acantilado, con el que comparte su color ocre. 
Casi al centro de la composición, levita  también entre cráneos y óvalos, una gran roca tallada con forma de huevo. Por su tamaño, destaca entre los objetos que le orbitan. 
No podemos descartar que las calaveras estuvieran ascendiendo al cielo,  provocado quizás por la influencia de un aparato espiritual encarnado por la roca. De hecho, un halo de luz desde el lado izquierdo deja ver sobre la superficie de la piedra ovoide inscripciones  antiguas y entre las que se distingue  una figura cercana a lo humano . Se trata de un petroglifo, un enigma grabado en piedra. Un mensaje por descifrar en medio de esta escena donde conviven la vida y la muerte, representadas por el símbolo de renacimiento del huevo y por la finitud del tiempo indicada por las calaveras.  
La materialidad del huevo evidencia la trascendencia de alguna cultura anterior.  Su piedra es firme y estuvo acá desde mucho antes que los cráneos llevaran carne y estará después de que se vuelvan polvo. 
Imaginamos un ritual lujurioso de cráneos danzantes circundando un huevo sagrado. Sus líneas y surcos revelan, seguramente, algún secreto: quizá el resultado sintético de todas las cosas o a lo mejor solo el garabato desesperado de un dios.
«El mensaje de Enjeduana» hace referencia a la primera poeta de la historia que la arqueología conoce. Hija del rey acadio, Sargón, y sacerdotisa del templo de Inanna, posteriormente conocida como Venus. Representa en sus poemas, traducidos al español por Susana Wald, el culto a la diosa Inanna a la que muchas veces se le representa como un toro salvaje o una guerrera. 
La figura pedregosa que flota en el aire es quizás la imagen de la sacerdotisa, y su mensaje tallado, la clave que resuelve el enigma de este espacio imposible.
Enjeduana trae el viento tibio previo a la tormenta, cambia los colores fríos del mar y el cielo por amarillos y verdes ácidos que te cobijan al mismo tiempo que te inquietan y quitan el aliento.

Descripción sonora:
La esposa fiel

Esta descripción es el resultado de un ejercicio de recopilación de apreciaciones de diferentes personas del territorio chileno en torno a la pintura La esposa fiel de Susana Wald en la voz de la actriz Cecilia Yañez Ortiz.
FICHA TÉCNICA:
Nombre: La esposa fiel.
Obra en disposición vertical.
Dimensión: 61 x 46 cm
Pintura acrílica sobre papel de acuarela.
Realizada en el otoño de 1982, en el taller de Susana Wald en  Toronto.
Me sumerjo en este ensueño
de colores fríos y grisáceos
en el centro
una silla
subyugada
cual esposa fiel
muestra su lomo
fiel
muestra su culo
fiel
sus labios
entregados

esposa fiel
solo al ser doblegada
sería fiel.
Esta es la pintura de una silla ubicada en el interior de lo que podría ser una habitación.
Una silla es un objeto que encuentras en todos lados: en la cocina, en tu pieza, en la escuela, en el patio o en los basurales. A veces sostiene nuestros cuerpos, otras guarda nuestra ropa.
En el centro del cuadro, esta silla se dispone como elemento único: un adorno quizás o un mueble necesario.  Aquí resulta una figura satírica:  la silla es el lugar donde el hombre puede apoyarse y reposar.
El objeto está compuesto de partes de la fisionomía humana. Una espalda a modo de respaldo y  un asiento con forma de glúteos donde se apoya el culo. Una meta-construcción de sus partes.
La piel del respaldo y la cubierta de la silla resultan frías y rígidas, con colores como los de la piel de quien se expone a bajas temperaturas.
Los glúteos de esta silla son firmes y redondos.  Les rebota una luz que les hace ver tersos.
Si sufriera un palmazo, probablemente se movería en conjunto, en vez de temblar fragmentariamente.
¿Quién sabrá la importancia que tienen los culos en la vida de este cónyuge?
Esta pintura nos invita a considerar esa pregunta.
En oposición al culo reluciente, la columna de la silla es su antítesis.
El respaldo deja aparecer un dorso levemente encorvado, lo suficiente para que las vértebras se luzcan. Se trata de la curvatura del desánimo y el cansancio.
El respaldo es capaz de sostener el peso de otro. Aquí, sin embargo, las vértebras aparentes son signo de resistencia y se entierran en la columna de quien tiene la osadía de sentarse sobre ella.
¿Por qué la imagen de esta esta silla nos incomoda?
La silla representa  a una mujer dando la espalda, inclinada en cuatro patas. La imagen es incluso más clara sobre esto cuando aparece justo debajo del culo, en la cortina de la silla, la hendidura de un pubis.
La cortina de una silla es el travesaño visible que conecta las dos patas delanteras justo debajo del asiento. Allí caen los labios de una vulva entre las dos patas frontales que tienen una forma cóncava, como la curva- quizás- de dos piernas semiflectadas.
¿Está la esposa fiel incómoda en este encierro?
Analicemos su entorno:
Una luz proveniente de la izquierda impacta en la silla y proyecta su sombra de color marrón, lo que resalta el color palo rosa que abarca la mayor parte de la superficie del piso. Esta iluminación intensifica la soledad en la que la silla humanoide se encuentra.
Detrás de ella una especie de papel mural deja aparecer el perfil de una montaña pintada de café y negro. Sobre el paisaje rocoso, se extiende un color azul claro como el cielo. A la derecha del muro, una línea vertical blanca de trazo fino divide el muro. Esto provoca un cambio de tonalidad entre las montañas dibujadas, volviendo la de la derecha más clara. Pareciera que es el muro que se quiebra en 90 grados y que permite cerrar una habitación, aún cuando su guardapolvos continúe sin cambios, su camino.
Este guardapolvos de tonos beige y azul está ubicado en la base del muro de la habitación. Muy cerca de él, la silla. Resulta tentador asociar el quiebre aparente de la pared al título de la pintura: “La esposa fiel”, sería un personaje tradicionalmente forzado al confinamiento,  aun cuando lo que desee es estar afuera.
Escenarios de lo imposible aparecen bajo el pincel de la surrealista chilena.
El celeste que yace prístino sobre la sombra montañosa que dibuja el muro se manifiesta como el momento que precede al resplandor de la mañana, y se siente como la esperanza de la esposa fiel.
La composición funciona como un retrato del deseo de la cónyuge: quiere escalar el muro una vez que pueda recuperar el cuerpo que le fue arrebatado y que la convirtió en objeto. La esposa fiel pareciera exigir a viva voz, aunque su cabeza le haya sido arrancada,  ser liberada del rincón en el que se encuentra y, por qué no, también de su fidelidad.